En sobrevuelo sobre Ucayali, Huánuco y Loreto IDENTIFICAN DRAGAS Y PISTAS CLANDESTINAS
Tres días de monitoreo aéreo sobre territorios de Ucayali, Huánuco y Loreto permitieron identificar dragas en operación, cultivos ilícitos, pistas clandestinas y nuevas áreas bajo presión, evidenciando el avance articulado de economías ilegales en la Amazonía peruana.
El paisaje desde el aire no dejó dudas. Dragas trabajando en pleno cauce del río, sembríos de coca recién instalados, pistas clandestinas listas para operar y cicatrices de deforestación que avanzan sin freno. Eso fue lo que encontraron fiscales, autoridades ambientales y líderes indígenas durante tres jornadas de sobrevuelo sobre territorios de Ucayali, Huánuco y Loreto, en un recorrido que terminó confirmando algo que muchos sospechaban: la minería ilegal y el narcotráfico ya no se quedan donde siempre estuvieron, están moviéndose hacia zonas nuevas.
Participaron el coordinador nacional de la Fiscalía Especializada en Materia Ambiental (FEMA), Frank Almanza; el fiscal provincial de la Primera FEMA de Ucayali, Eduardo Nina; representantes del Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (Sernanp); representantes de la Comisión Nacional para el Desarrollo y Vida sin Drogas (Devida); integrantes de la Dirección de Medio Ambiente de la Policía Nacional del Perú (DIRMEAMB); líderes indígenas de la Organización Regional Aidesep Ucayali (ORAU) y periodistas.
Lo que el río ya no puede ocultar
El primer tramo, sobre el río Aguaytía y los alrededores de Curimaná, dejó una imagen que el fiscal Eduardo Nina no pudo pasar por alto: dragas operando directamente sobre el cauce, algo que la ley prohíbe de manera tajante por el daño que provoca al agua y al ecosistema.
«Uno de los puntos que me llamó mucho la atención es la zona de Curimaná porque hemos podido ver presencia de dragas, artefactos que hacen minería en pleno curso del río, lo cual está absolutamente prohibido por el alto nivel de impacto en el río, en la calidad del agua, en el uso de insumos químicos que contaminan el ambiente», relató el fiscal.
Pero el hallazgo más inquietante no fue solo la presencia de las dragas, sino lo que reveló sobre el comportamiento de quienes las operan. «Con este sobrevuelo hemos podido concluir que se están desplazando. Los puntos que anteriormente eran abordados por la minería, ya han sido mudados a nuevos puntos que hemos podido advertir en este sobrevuelo», agregó Nina, dejando claro que la minería ilegal no retrocede: se reubica.
Esa información no se quedó en el papel. Con los puntos exactos en mano, la FEMA coordinó con la Marina de Guerra del Perú un operativo de interdicción contra las estructuras detectadas. Frank Almanza, coordinador nacional de la fiscalía ambiental, resumió el resultado en pocas palabras: «Ha sido bastante exitosa la jornada. Los sobrevuelos tuvieron que ver mucho para darnos la ubicación exacta y a partir de esa ubicación exacta se planificó nuestra intervención también de manera exacta. Se ha demostrado que con planificación y trabajo articulado se pueden lograr resultados importantes».
Abujao, el territorio donde todo converge
Más al sur, sobre la cuenca del Pisqui, Contamana y los bordes del Parque Nacional Sierra del Divisor, el panorama no mejoró. En Utiquinía y Abujao, lo que antes era un problema acotado ahora se extiende. Así lo confirmó Martín Arana, especialista en gestión territorial amazónica de la Fundación para la Conservación y Desarrollo Sostenible (FCDS Perú), consultado sobre lo observado en la zona: «La evidencia disponible indica un incremento tanto de la minería ilegal como de los cultivos ilícitos en esta zona, lo que muestra cómo estas actividades continúan ampliando su presencia en territorios amazónicos vulnerables».
El tercer y último tramo, sobre la carretera UC-105 que une Nueva Italia con Puerto Breu, terminó de pintar el cuadro: extensos cultivos de coca, pozas de maceración y pistas de aterrizaje clandestinas que funcionarían como soporte logístico del narcotráfico.
Para Andrea Buitrago, directora ejecutiva de FCDS Perú, lo que ocurre en Abujao ilustra un patrón que se repite en toda la Amazonía: «En zonas como Abujao se evidencia la cercanía entre actividades mineras, cultivos ilícitos y estructuras logísticas asociadas. Las vías que se abren en la Amazonía, ya sean caminos forestales o carreteras para transporte legal, pueden facilitar el acceso y la movilidad de estas actividades», explicó.
La advertencia desde las comunidades
Quienes ven este avance más de cerca son las propias comunidades indígenas. El presidente de ORAU, Jamer López, que participó en los recorridos, no escondió su preocupación por lo que encontraron: «Hemos podido ver chacras de coca, minería ilegal, caminos forestales, también aeropuertos. Lamentablemente, es como el ciclo de la temporada y en esta ruta se ha podido ver más presencia de minería ilegal», señaló.
López fue más allá y advirtió sobre el costo humano de estas actividades: «Se puede ver que hay afectaciones, sobre todo, la contaminación del río y quizá la deforestación ilegal afecta eso también afecta no solamente al ecosistema sino a la salud de vida de las comunidades indígenas».
El mensaje que dejan estos tres días de vuelo es claro: la minería, los cultivos ilícitos y las vías clandestinas no avanzan por separado en la Amazonía, sino de la mano, abriendo paso unos a otros sobre territorios cada vez más vulnerables.

