Escondidos en algunas zonas de la inmensa amazonia peruana aún sobreviven a la voraz deforestación algunos ejemplares de shihuahuaco, un noble árbol de madera rojiza y muy codiciada por los depredadores dada su altísima calidad.

Hace buen tiempo los madereros ilegales pusieron sus letales ojos en el shihuahuaco o charapilla – como lo llaman los loretanos- y se lanzaron a su extracción indiscriminada como lo hicieron en su momento con la caoba, el cedro y el palo rosa. Los cálculos actuales resultan entonces muy preocupantes: en 10 o 12 años, el shihuahuaco, el gigante que aún se levanta imponente en sus 50 metros, sería solo un recuerdo