No es el paraíso, pero parece. No es Macondo, pero tiene más de 100 años de soledad. No es la tierra prometida, pero estamos seguros que Moisés hubiese sufrido igual para llegar a este edén terrenal. Y aunque tampoco es la cima del monte Everest, igual arriesgamos la vida para llegar.

Muchos creerían que Vicentina Phocco tiene un secreto para que el café sea el mejor del mundo, pero al igual que un lobo cuando aúlla en la oscuridad, ella ve la luna y, si está llena, trabaja. Siembra. Cosecha.

Cree en lo orgánico. En lo natural. No es el paraíso, se repite, pero parece. A cuatro horas y media de la ciudad de Puno, justo en la frontera con Bolivia, está una provincia sacada de un cuento de Ribeyro. De esos cuentos fantásticos donde la realidad parece ficción y la ficción parece un cúmulo de felicidad.

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