La Banda de Shilcayo, quienes de inmediato acudieron al lugar e intervinieron a los revoltosos a pedido de su madre. Arrodillados ante ella, los malos hijos no sintieron arrepentimiento por lo ocurrido.

La enfurecida madre agarró una correa, y castigó con diez correazos a cada uno de ellos, hasta que ambos pidieran perdón a su progenitora. Luego, ambos se pidieron disculpas, conscientes que si vuelven a intentar agredirse, serán llevados por los serenos para ser castigados con ejercicios físicos en la base