LORETO: SOLO 13 ESCUELAS EN ZONAS RURALES TIENEN ACCESO COMPLETO A SERVICIOS BÁSICOS
- En la práctica, casi la totalidad de escuelas rurales no tiene acceso completo y seguro a servicios básicos. Esta situación perjudica el desempeño de los estudiantes.
Loreto, 4 de marzo de 2026.- A pocos días del inicio del año escolar, la Red de Estudios para el Desarrollo (REDES) alertó sobre una brecha crítica en infraestructura básica. En la región existen 3,903 colegios públicos y 87% de ellos (3,411) se ubican en zonas rurales. Sin embargo, dentro de este grupo mayoritario, solo 13 locales cuentan con agua, desagüe y electricidad conectados a la red pública, según cifras del Ministerio de Educación (Minedu).
Esto significa que, en la práctica, casi la totalidad de escuelas rurales no tiene acceso completo y seguro a servicios básicos. Además, 460 colegios operan con soluciones alternativas como pozos o grupos electrógenos (máquinas que generan electricidad usando un motor), que no garantizan continuidad. Más grave aún, 769 locales educativos no cuentan con ningún tipo de servicio, ya sea mediante la red pública o fuentes alternativas. A ello se suman 32 colegios sobre los que no existe información acerca de cómo se abastecen en ninguno de los servicios.
Carlos León, economista de REDES, explicó que solo se considera que un colegio tiene servicios adecuados cuando está conectado a la red pública, porque ello asegura calidad y continuidad. “Las fuentes alternativas como pozos, cisternas, biodigestores o grupos electrógenos, pueden ayudar de manera temporal, pero no garantizan condiciones óptimas para los estudiantes”, precisó.
Contar con servicios básicos es fundamental para romper el ciclo de pobreza
La falta de agua, electricidad y desagüe no es solo una carencia material. Es una limitación estructural que compromete la salud, la permanencia y la capacidad de concentración de los estudiantes, afectando directamente sus aprendizajes.
La evidencia respalda este impacto. Investigaciones internacionales muestran que contar con agua potable y alcantarillado puede reducir la deserción escolar en 12,2% en primaria y 5,3% en secundaria. Asimismo, el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF) ha señalado que una mejor infraestructura puede tener incluso mayor efecto en la reducción del ausentismo docente que los niveles salariales: en escuelas con buenas condiciones físicas, los profesores registran en promedio 10% menos inasistencias.
Cuando estas condiciones no existen, las consecuencias son inmediatas. La ausencia de baños adecuados puede llevar a que las estudiantes falten durante horas o días por motivos de higiene. Sin agua, es imposible mantener limpias las aulas y los materiales, lo que incrementa el riesgo de enfermedades y reduce las horas efectivas de clase.
Pero el problema no se limita a los servicios básicos. Muchas escuelas presentan deficiencias estructurales que agravan la situación: locales sin sistemas de drenaje en zonas de lluvias intensas que se inundan y paralizan las clases, o aulas sin ventilación adecuada que dificultan la concentración. Así, la precariedad en infraestructura termina erosionando de manera constante el proceso educativo.
Esta situación ocurre pese a que el país tiene margen para invertir más en educación e infraestructura. Según el Banco Mundial, un uso más ordenado del dinero público permitiría fortalecer servicios esenciales, algo especialmente importante en regiones como Loreto, donde existe la necesidad urgente de cerrar brechas en agua, desagüe y electricidad en los colegios.
El impacto de estas brechas se refleja en los resultados académicos. En Loreto, apenas el 1,8% de los estudiantes de segundo de secundaria alcanza un nivel satisfactorio en Matemática y solo el 5,3% lo hace en Lectura, según la Evaluación Nacional de Logros de Aprendizaje 2024.
Este problema adquiere mayor gravedad en un contexto donde el 43% de la población vive en situación de pobreza, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI). En regiones como Loreto, las brechas de infraestructura educativa no solo afectan el rendimiento escolar, sino que refuerzan desigualdades preexistentes: los estudiantes más vulnerables reciben educación en peores condiciones, lo que limita sus oportunidades futuras y perpetúa el ciclo de pobreza. Garantizar servicios básicos y locales adecuados, entonces, es una condición mínima para romper esa dinámica.
“Mejorar los servicios básicos en las escuelas es solo el punto de partida. La educación pública debe garantizar que todos los niños, sin importar dónde vivan, estudien en espacios seguros, funcionales y adecuados para aprender. Esto implica no solo acceso a agua, electricidad y desagüe, sino también locales bien diseñados, con sistemas de drenaje, ventilación adecuada y estructuras resistentes a las condiciones climáticas de cada región. Contar con infraestructura de calidad es una condición mínima para asegurar continuidad en las clases y mejores oportunidades de aprendizaje”, concluyó el especialista.

