Lima, mar. 10. Han pasado más de 60 años de su muerte y el recuerdo del monseñor Octavio Ortiz-Arrieta Coya sigue latente en el corazón de Chachapoyas en la región Amazonas, precisamente, hace algunas semanas, la Santa Sede informó que ya se cumplió el primer paso hacia su santidad.
Se trata del primer obispo salesiano peruano, la historia cuenta que tuvo la oportunidad de tener como maestros a sacerdotes que habían conocido a Don Bosco, el carismático sacerdote diocesano que fundó la congregación salesiana, a mediados del siglo XIX.
Atravesando la jungla tropical y pasando privaciones, monseñor Ortiz-Arrieta visitaba cada una de las comunidades de su diócesis. A lomo de bestia, a pie, con el cayado en la mano, llegaba a los villorrios de la ceja de selva con la palabra de Dios.
Llenaba de esperanza al pueblo y la gente se hincaba ante el humilde padre que se dignaba visitarlos en medio de su orfandad.
Solía decir: “Delante de Dios no hay nada pequeño, antes bien, en lo pequeño conoceremos si verdaderamente amamos a Dios”. Las virtudes de sencillez y humildad vivían en su accionar cotidiano.
Virtudes humanas
Había nacido en Lima el 19 de abril de 1878, en el seno de una familia modesta, aunque de grandes virtudes humanas. Desde niño afloró en él su vocación sacerdotal.
Ya en 1892, ingresa al oratorio de los padres salesianos, ubicado en el populoso distrito de El Rímac, donde estudia carpintería y otros oficios. Al poco tiempo fue admitido como interno, a fin de seguir la formación sacerdotal salesiana.
Hacia 1906 se trasladó a Piura para empezar una nueva obra. En la calurosa ciudad norteña fundó el semanario La Campanilla. Fue ordenado sacerdote en 1907. Posteriormente, se trasladó a Cusco y Callao.
En 1921 fue nombrado obispo de la diócesis de Chachapoyas. Lo ordenan obispo en el Santuario de María Auxiliadora de Lima en junio de 1922.
Fundó un seminario y organizó la diócesis, consiguiendo que una parte del territorio fuera constituido en prefectura apostólica y otra parte, prelatura territorial.
Además, construyó una escuela nocturna para obreros, una escuela rural para mujeres, un colegio nacional de mujeres y promovió la construcción de carreteras, una planta eléctrica y un sistema de saneamiento. El 1 de marzo de 1958, a los 79 años, falleció en Chachapoyas.
Canonización
El Congreso de Consultores Teólogos se reunió recientemente en Roma para examinar “la positio de la causa” de canonización del monseñor Ortiz-Arrieta, quien presidió la Diócesis de Chachapoyas entre 1921 y 1958.
El pasado 27 de febrero fue nombrado, mediante un decreto pontificio, “venerable siervo de Dios”. La investigación diocesana se desarrolló en Chachapoyas del 8 de julio de 1922 al 22 de diciembre del 2001.
La congregación para las Causas de los Santos reconoció su validez en octubre del 2003, dijo Pierluigi Cameroni, postulador de la causa.
En la Iglesia católica, una positio es un documento o conjunto de documentos utilizados en el proceso por el cual una persona es declarada venerable, el segundo de los cuatro pasos (siervo de Dios, venerable, beato y santo) en el camino hacia la declaración de santidad. (FIN) DOP/JCR/MAO

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