Antes de la llegada de los europeos a América, los indígenas quisieron dejar una huella. Sobre el terreno de cientas de hectáreas, trazaron geoglifos, estructuras geométricas misteriosas. Cuadrados, rectángulos y círculos perfectos. En el estado Acre, al oeste de la Amazonía brasileña, hay más de 500 de estas curiosas formaciones. ¿Qué buscaban con ellas? ¿Qué mensaje había oculto? Después de años y años de teorías disparatadas y especulaciones variadas, muchas de ellas vinculadas a actividad extraterrestre, científicos de la Universidad de Helsinki (Finlandia) y la Universidad de San Pablo (Brasil) resolvieron en conjunto el misterio. Después de revisar los trabajos precoloniales de Acre, que, en gran parte, salieron a la luz gracias a la última deforestación, lograron determinar que las figuras geométricas eran espacios de distintos rituales. Los lugareños se juntaban en torno a ellas para comunicarse tanto con el más allá como con los seres de la naturaleza. La construcción de los geoglifos comenzó 1.000 años antes de Cristo y se prolongó durante dos milenios. Se trata de figuras geométricas perfectas que, en su mayoría, ocupan decenas de metros cuadrados y son profundas. De acuerdo al estudio, publicado en American Antropologist, los 500 geoglifos de Acre se regían por pautas geométricas inspiradas en los patrones que seguían las pieles de los animales. Más allá del suelo, el mismo criterio se trasluce en cerámicas, joyas y artesanías. “Como también muestran las teorías del arte visual amerindio, los patrones geométricos pueden proporcionar a las personas las cualidades y habilidades deseadas, como fertilidad, fuerza, conocimiento y poder”, sostuvo el equipo. El objetivo era entablar un diálogo con espíritus ancestrales, animales e incluso cuerpos celestes. De ese modo, pregonaban parte de sus creencias: la vida humana siempre relacionada con la naturaleza y las generaciones pasadas. Los sabios de entonces se servían de ellos como “puertas” o “senderos” hacia el conocimiento de los seres no humanos. Hasta hoy, los pueblos indígenas que conviven en Acre procuran preservar los geoglifos como sitios sagrados. A diferencia de los habitantes brasileños de la zona, buscan que no se avance en la construcción de viviendas o en actividades mundanas como la agricultura.

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