Cuatro años atrás, cuando la plaga de la roya arrasó con los cultivos de café en distintas partes del mundo, y también en el Perú, la principal preocupación de los caficultores era detener el avance del letal hongo. En Villa Rica, distrito de la provincia de Oxampapa (Pasco), también había consternación, pero el ingenio y el esfuerzo de sus 22 mil habitantes pudieron más. Un antiguo trabajador de la finca San Gerónimo recuerda esas épocas y asegura que lo más importante fue desarrollar un grano resistente y un “sistema agroforestal”; es decir, el cultivo de árboles que crecen al lado de los cafetales, lo cual proporciona sombra y otras propiedades. El alcalde de Villa Rica, Jhonny Inga Aucapiña, coincide en esta apreciación, pero asegura que este mecanismo no es nuevo. “Hace 28 años se inició el trabajo agroforestal. Antes, la sombra del café era el pacae; ahora se emplea pino amarillo, cedro, guambo y otras especies nativas compatibles”, explica a 1470 metros sobre el nivel del mar. Además de dar sombra, estos árboles aseguran el suministro de agua para los cafetales, sirven para reforestar y le ofrecen a los agricultores un recurso “extra”, pero a muy largo plazo. “El pino recién está listo para ser maderable en siete años”, indica. GRANOS DE CALIDAD. El proceso es particularmente beneficioso para los cafés especiales, aquellos que son valorados por atributos como la acidez. A diferencia del café convencional, que se hace principalmente a base de la variedad de “robusta”, el grano del tipo “arábica” es mucho más aromático y puede consumirse a diario sin ocasionar ningún malestar digestivo, como sí puede ocurrir con los cafés solubles o instantáneos. “Los peruanos no consumen ni un kilo de café per cápita al año, mientras que en Colombia o Brasil el consumo está alrededor de los 5 kilos por persona”, expresa el dueño de una de las cafeterías que en los últimos años se han instalado en la avenida principal, Leopoldo Krause. CADENA DE PRODUCCIÓN. Según Álex Rodas, fundador del centro de tostado Moali, compradores árabes, americanos, europeos y hasta colombianos llegan por estos lares. “Una vez que lo prueban, se quedan con el tueste que quieren y, con base en eso, se trabaja el envío”, refiere. El tueste es la etapa que viene después de la cosecha, el despulpe y el secado que los agricultores hacen en sus fincas. Las empresas tostadoras tienen mucho cuidado para evitar la pérdida de los aromas y otras propiedades. Una vez tostado, el café es envasado y, en este caso, puesto a la venta con el apoyo de los tostadores. “Del precio final de cada bolsa, nosotros cobramos el 40%, que incluye el envasado, y el 60% es para el productor”, explica su esposa y cofundadora de Moali, Liz Dumas. En cuanto al costo de producción de los caficultores, este asciende aproximadamente a S/6 o S/4 por kilo de café.Para darle un mayor margen al caficultor, el alcalde Inga considera muy importante ganar el mercado interno y posicionarse a nivel mundial. Por eso, se han lanzado a organizar la II Feria Internacional de Cafés Especiales del Perú (Ficafe) del 14 al 16 de setiembre. “Esto nos da la oportunidad de acceder directamente (a los compradores), lograr precios justos y seguir posicionando nuestro café”, asegura. DATO Tradición. Una bebida que unió a tres culturas Tres etnias conviven en esta parte del país, haciendo café: los colonos austroalemanes, colonos andinos y los yaneshas. Los primeros vinieron de Pozuzo. Entre las familias más conocidas se encuentra la del exministro Antonio Brack. La inmigración andina provino de Apurímac (Andahuaylas) y los yaneshas se asentaron en los valles de los ríos Entá o Yezú.

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